¿EL POR QUÉ? – Enfocando para lograr

Cuando tocamos el tema de liderazgo, pensamos en lograr algún objetivo, alguna meta; tenemos un propósito que queremos conseguir a través de una persona, un grupo de personas o un equipo de trabajo; inclusive, a través de un grupo de grupos, como sería un corporativo.

Pero ¿de dónde nace la idea de lograr esa meta, ese objetivo? Las más de las veces, nace de un instinto, una emoción, una pasión. Podemos estar tan emocionados por escribir un libro, que diseñamos el título, la portada, la agenda para escribirlo, incluso el índice del mismo; sin embargo, es posible que terminemos en un esfuerzo infructuoso, en algo que nos deje una sensación parecida a la frustración, por lo menos.

Por allá por finales de los 80, intenté crear un despacho contable; recién había terminado mi tesis y, unos meses despues, me entregaban mi título de contador. Era tal la emoción de sentirme por fin contador público que quería trabajar. Cabe decir que, entre la terminación de mis estudios de licenciatura y el citado título, transcurrieron más de 10 años, siempre intentándolo en la mente pero con pocos resultados, ¡no podía dejar pasar esa oportunidad! Había que crear un despacho contable.

En poco tiempo logré mi propósito, ahí estaba el despacho contable, incluso, llevaba mis apellidos, “Diaz Armendáriz Consultores, S.C.” Trabajé más de 5 años en él. Se sumaron al mismo varios amigos y excompañeros, logramos contratar no pocas empresas a las que les llevábamos la contabilidad pero ¡algo faltaba! No lograba explicar qué, pero si, no sentía que “había logrado algo”. El trabajo se empezó a acumular y nosotros a dejarlo pasar. Nos concentrábamos más en los cambios fiscales y en estar actualizados que en atender a los clientes. Nos gustaba dar cursos de reformas, cosa que a nuestros clientes, no les importaba tanto como que sus contabilidades estuvieran al día.

Las quejas no se hicieron esperar; al principio eran pocas y espaciadas, bastaba con una pequeña charla con los clientes para calmarlos. No obstante los hechos no demostraban el pretendido interés de nosotros por resolver sus problemas. No llegó a ser una verdadera crisis, por algo que no sabría explicar claramente, les cumplimos a todos, ¡antes de cerrar el despacho!

Mis compañeros me culparon a mí por aquél fracaso; dependían de lo que ganaban para mantenerse, era natural que buscaran un culpable. Afortunadamente, en aquel tiempo, todos menos uno, eran solteros; así que rápidamente salieron adelante. Yo me sentí muy mal, incluso asumí la culpa, aunque no veía claramente donde estaba su origen.

¿Qué sucedió? Estaba seguro de que quería un despacho y, teniendo la carrera de contador, ¡era natural que lo quisiera!, era una obligación profesional – me decía.

Quizás a usted le ha pasado algo semejante. Muchos pasamos por experiencias como esa. Esas experiencias son buenas si sabemos convertirlas en aprendizaje. Casi siempre sucede que las vamos guardando en el baúl de nuestra historia como malos momentos o equivocaciones y empezamos de nuevo, como si nada hubiera pasado.

Tiempo después, me encontré por ahí unos “lentes” diferentes, empecé a ver con claridad; me di cuenta de que no bastaba solo con la emoción inicial ni la disciplina puesta en el empeño.

Interpretamos las “ganas” que le ponemos para lograr algo como el “derecho” de tenerlo. Y, créame, no es así. Ningún tipo de esfuerzo, ni ninguna clase de trabajo, por muchas horas que usted y yo dediquemos a ello, serán suficientes si no hay ese por qué profundo y trascendente.

Me vienen a la mente los recuerdos agradables de las veces que he ido a una kermese. Me gusta “tirarle” a las figuras de metal y, ¡me encanta atinarles! Trato de afinar la puntería colocando bien mi ojo en la mira y apuntando lo más certeramente posible. Ahí está la primera figura que cae, me motivo y sigo “apuntando”, pero las figuras no responden a mi esfuerzo; empiezo a fallar más cada vez y a ¡querer con más ganar atinar! La frustración aparece y la experiencia deja de ser interesante; termino, después de varios minutos y cansancio, además de sin dinero, ¡triste!

  • ¿Qué me paso?

  • ¿Por qué fallé?

  • ¿Soy así de malo para tirarle a las figuritas?

  • ¿Debo dejar de intentarlo?

  • ¿Por qué?

 

¿Por qué?, ¿por qué, qué? La respuesta revolotea en mi cabeza buscando llegar hasta mi mente, ¿por qué?

Hay que empezar con él por que i

 

En un fin de semana, particularmente caluroso, estaba escuchando una conferencia. El tema tenia que ver con respondernos primero el ¿por qué queremos hacer algo?

He pasado por muchas respuestas así como también me he quedado sin ellas tantas y tantas veces. Resulta un poco curioso pero, ¡no es fácil hallar la respuesta! El tan frecuente “por que si”, resulta tentador.

Podríamos decir que es cuestión de práctica, como muchas cosas en la vida. En mis talleres y cursos, pongo el ejemplo de aprender a andar en bicicleta; yo me caí tantas veces que llegue a sentirme tonto por intentarlo pero, ¡ahí seguía! ¿Quién aprendió a andar en bicicleta sin caerse ni una sola vez?

Empezar con el por qué, nos da ese enfoque que nos permite saber si verdaderamente queremos aquello; el enfoque nos permite apasionarnos durante un tiempo largo con aquella intención, aquella idea, ¡en aquel rifle de municiones!

¿Por qué quiero atinarles a las figuras de la feria?, ¿verdaderamente quiero hacerlo? O, solo estoy ahí por pasar el rato, lo que, si así fuera, no tendría por qué hacerme sentir frustrado por tanto fallar.

¿Por qué puse el despacho contable? Era porque me interesaba realmente, ¿quería pasar un lago tiempo dedicado a convertirlo en una empresa exitosa?

Nunca me hice preguntas semejantes en aquel tiempo; aun ahora, en muchas ocasiones, sigue ausente la pregunta: ¿por qué quiero hacer tal o cual cosa?

La próxima vez que quiera darse a la tarea de proponerse algo, al igual que su servidor, que quiera comprometerse verdaderamente en lograr algo, intente enfocar empezando con el por qué. Es posible que le ayude y es posible que solo le sirva de cotejo. Sin embargo, créame que no seguirá igual. Su visión será más clara y su intencionalidad junto con su pasión tenderán a estar más dirigidas, por lo tanto, sus esfuerzos seguirán a esa pasión y a esa intención.

¿Por qué quiere lograr algo?

Simon Sinek. (2019). Empieza con el porque. Madrid: Penguin Publising Group.